Animal traicionero y tentador que atrae a los humanos acia el pecado.
Se representa con cabeza de mujer o de hombre, cuerpo de ave y cola de reptil.
Similar a las sirenas en cuanto a sus características físicas, se distinguen de éstas por su cola de serpiente o escorpión
y a veces también por su lengua trífida.
Algunos estudiosos las equiparan a las sirenas y aunque estas últimas tengan cuerpo de pez consideran a las arpías como
sirenas con forma más arcaica y emparentadas con la tradición griega, ya que era así (mujer-ave-reptil) como se representaban en Helas.
Simboliza a las pasiones y los vicios, así como los tormentos del deseo y los remordimientos a que someten a los que
dan satisfacción a sus vicios. Son creadoras y provocadoras de tormentas, según la tradición.
El significado literal de su nombre es “espíritu áspero dominador de la tempestad”.
Solamente el viento las puede expulsar, es decir, en el románico, el soplo del espíritu.
Hay numerosas y exquisitas representaciones de este animal en el románico oscense.