Monstruo con cabeza y alas de águila y el resto del cuerpo de león.
Es la fusión de dos animales de la máxima categoría en cuanto a simbología se refiere y ambos, por separado, representantes de Jesucristo: El león y el águila.
El uno sería el representante de la fuerza terrestre y la otra de la visión celeste.
Es decir, en el mundo medieval representan las dos naturalezas de Cristo: La humana y la divina. Fuerza y sabiduría.
Su misión era también la de vigilar los lugares sagrados, pero no sólo de una manera pasiva, como la esfinge, sino de una forma activa fundamentalmente,
con la agudeza visual del águila y la fuerza del león.
Es frecuente verlo, por lo tanto, en los capiteles de ventanas y puertas, y a veces, aunque escasas, en los frontales o acompañando
a algún personaje relevante, como puede ser el santo al que está dedicada la iglesia.
Grifo desaparecido tras las correrias de Erik "El belga"
de la ermita de San Román en la Puebla de Castro
Uso en Heráldica
En heráldica, el grifo entra dentro de las figuras llamadas "quimeras", pues representa
algo fantástico, fabuloso, imaginario, etc., es decir, sin existencia real.
Se representa de medio cuerpo para arriba águila y de medio abajo león.