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Animal calificado en diferentes bestiarios como impuro.
Su hábito de curarse, lamiéndose las heridas, además de volver a ingerir lo vomitado, comparándolo al pecador que se cura por la confesión y que,
después de confesarse, vuelve a incurrir en sus propios pecados.
Valoración negativa que tiene su origen en el Libro de los Proverbios, y posteriormente en el Nuevo Testamento, en la Carta 2, 2, 22 de San Pedro:
"Volvióse el perro a comer lo que vomitó, y la marrana lavada a revolcarse en el cieno.".
Eusebio, en su Historia Eclesiástica, compara al perro con el diablo, basándose a su vez en Cancerbero (T.H. White," The Books of the Beats.
A translation from a Latin Bestiary of the twelfth century, London 1955, Vol 1, pág 109).
En la Edad Media también simboliza la envidia, encarna a los lisonjeros, a los hipócritas e ingratos.
Su faceta de fidelidad al dueño y el de guardián de la casa, también está presente en su significado, pero en muchas ocasiones están devorando
o despedazando a los condenados.
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